viernes, 26 de diciembre de 2014

PATRICK ISLAND NUGENT, UN CRIOLLO IRLANDÉS

Patrick Island Nugent nació en 1788 en la verde Irlanda, de muy joven había ingresado en la Real Armada Británica. En esos años en que Inglaterra comenzaba a construir su imperio la carrera del mar llenaba de fantasías de grandeza la mente de los jóvenes.
Patrick era hijo de John Island y de Catherine Nugent y sobrino del
Beresford
General William Carr Beresford, que comandó la primera invasión inglesa al Río de la Plata en 1806.
El general Beresford era hijo extra matrimonial del marqués de Waterford, el más influyente aristócrata de Irlanda. Siendo joven, su padre le consiguió el título de barón de Beresford, luego vizconde Beresford. Era nieto de Mark Beresford, conde de Tyrone, y éste, hermano de Susannah Catherine Beresford, mujer de Hycinth Nugent, lord Riverstone, padres de Catherine Nugent, madre de Patrick Island.
Pádraig era el nombre celta de este joven que desde 1803, fue soldado raso del Regimiento 71 de Highlanders, Compañía 9, capitán John Paley, destinado a la isla de Santa Elena y luego a Ciudad del Cabo en África. En 1806 acompañó a su tío Beresford a
la primera invasión inglesa al Río de la Plata.
El Regimiento desembarcó en Quilmes y desde allí avanzó hacia la ciudad de Buenos Aires.
Quilmes fue el primer suelo americano que pisó y luego su simiente tendría en Quilmes su suelo.
EL ROMANCE
Dos días después, mientras recorría las calles de Buenos Aires, Patrick Island, junto a dos de sus compañeros de armas Peter Campell y John Kamelis, fue herido por Braulio, un negro esclavo que custodiaba la casona de la familia Gómez y Gómez Farías, El dueño de casa Justo Gómez, los recogió, les practicó las
primeras curas y llamó a su médico personal, el doctor Cosme Argerich que atendió a los heridos. Braulio acompañó la convalecencia de su contrincante y entablaron un vínculo de camaradas que duró toda la vida de ambos, a tal punto que a su primer hijo, Island, lo llamó como al noble moreno que en defensa de su tierra primero lo abatió y luego herido lo asistió, gesto que quizá colaboró para la atracción, que desde su arribo, el joven británico fue sintiendo por esta tierra que sería el destino de su simiente y el suyo final.
Patrick era un hombre joven, más plegado a la paz que a la guerra a la que lo empujó el destino de la época que lo tuvo como huésped.
Fresco, de cabello dorado, ojos de un verde irlandés, un rostro que aún no había perdido al niño y se contradecía con un cuerpo fibroso, fuerte, viril, de manos generosas y esta dimensión no pasó desapercibida entre las niñas de la casa. Una de ellas Tola, prestó especial atención a ese hombre-niño de voz profunda, pero suave y sus ojos negros lo dejaron entrever.
Un día, Patrick, inquieto en su imposibilidad, se levantó penosamente, se asomó a la puerta de la pieza que compartía con sus compañeros de infortunio y, en el segundo patio de la casa vio a las jóvenes Gómez, lavando sus cabellos en grandes fuentones de latón, junto al pozo. El pelo les caía hasta la cintura, la ropa de Tola estaba húmeda y se podía entrever sus formas. En el juego con las negras que ayudaban a sus amas, Tola giró la cabeza y se encontró con la mirada insistente de Patrick. Eso bastó para que entre ellos naciera un amor que duró toda la vida. Efectivamente, mientras las heridas cicatrizaban, Patrick y Bartola Gómez, hija del dueño de casa, iniciaron un romance que culminó en un amor incondicional.
Cuando se produce la segunda invasión inglesa, Patrick Island, y sus dos compañeros, solicitaron autorización al dueño de casa para presentarse a luchar a las órdenes del General John Whitelocke.
Luego de la segunda derrota inglesa, fueron tomados prisioneros y cuando los frustrados invasores los requieren para volver a Gran Bretaña, desertan y se esconden en diferentes puntos de la provincia con la intención de quedarse en el Virreynato.
LOS BRITÁNICOS ACRIOLLADOS
Cuenta su nieto Julio A Costa en su libro “Rosas y Lavalle” [1] que
Julio A. Costa
desertaron con él otros soldados de la misma compañía: los nombrados: Peter Campell y John Kamelis; los hermanos John y Patrick O´Brien,  Richard Green, Alexander Livingston, Abraham Forrester, James Dillon, Jacob Echart, William White, fundadores de antiguas familias argentinas, algunos de noble linaje irlandés como O´Brien y Patrick Lynch,
[2] otro de los desertores fue Thomas Ramsay cuyo hija Gregoria se casó luego con Antonio Isla Gómez, hijo menor de Patrick y Bartola.
Unos y otros, todos, escapaban de algo: el abismo entre las clases, la falta de espacio donde desarrollarse y crecer, tanto social como económicamente; allá la tierra estaba en manos de las mismas personas desde hacía 400 años, acá la geografía era feraz, ubérrima y vasta; allá eran segundones y menos, aquí su figura cobraba jerarquía y eran mirados con simpatía por los comerciantes a merced del monopolio y por las mujeres ávidas de estirpe nueva que diera sustento al híbrido criollo que luego sería - y hoy es - rasgo genético de los argentinos.
EL ARRAIGO DE AMOR
Efectivamente, Patrick Island continúa su noviazgo con Bartola
“Tola” Gómez y Gómez; la pareja se casa en Arrecifes, a fines de 1807 en la capilla de la estancia del padre de la joven, en San Antonio de Areco donde establecen su residencia. El mismo día una hermana de Tola, se unió a John Kamelis. En esta oportunidad Patrick castellanizó su nombre por Patricio Isla y como tal llegó a ser  alcalde (1824-1826) de esa localidad bonaerense.
“Tola” era hija del segundo matrimonio de don Justo Gómez con Candelaria Gómez y Farías, hija de José Santos Gómez y de Petrona Teresa Farías, vecinos estos y naturales de la ciudad de Córdoba; se habían casado en Baradero el 20 de marzo de 1779; en primeras nupcias don Justo se había casado con Feliciana Ortega, feligresa de la localidad bonaerense San Pedro, con quien tuvo 6 hijos.
"Federales" obra de Campodónico
El 5 de agosto de 1840, el General Lavalle, se hallaba en San Pedro, con el ejército unitario dispuesto a avanzar sobre Buenos Aires, pero le faltaban caballos; los federales los habían hecho desaparecer de su ruta. Esa tarde, un centinela desde el mangrullo dio aviso que una inmensa nube de polvo se acercaba al campamento; alertados se prepararon para el combate, pero cuando el polvo amainó los unitarios advirtieron que se trataba de una tropilla arriada por gauchos. Del grupo con una bandera blanca, se adelantó un hombre rubio, robusto, de barba tupida. Se plantó frente al General, hizo la venia militar y dijo en mal castellano: "Patricio Isla, soldado del 71 de Infantería de Highlanders, tiene el grande honor de saludar al Jefe de Granaderos de Río Bamba, le trae los caballos que necesita y viene a ponerse a sus órdenes con sus hijos (Braulio, Francisco y Antonio), sus amigos y sus peones". Agregó: "Este tordillo que traigo de la cabestro, es el de silla y que espero usted aceptar para la suya. Se llama ‘Ulster Chief’, es manso como oveja y fiera en la atropellada". Lavalle aceptó gustoso el tordillo que lo acompañó, hasta el nefasto día de 1841.
EL CELTA UNITARIO
A partir de este suceso fue un leal partidario de Juan Lavalle que lo sumó a su ejército con el grado de capitán y comandó la defensa de la ciudad de San Pedro.
Esta afiliación lo distanció de su familia política, de tradición federal. Luego participó en las luchas del interior del país.
Pero las cosas no iban bien para los unitarios en 1840, año en que una oleada de terror se había extendido por la ciudad de Buenos Aires, pueblos vecinos y por toda la provincia y provincias del interior.
Los federales presionaron desde el Sur y los empujaron hacia Córdoba. Con los soldados iba una caravana de carretas con mujeres y niños que huían de la guerra. En dicha caravana viajaban Tola y Juanita, de ocho años, la menor de sus hijas mujeres.
El 28 de noviembre de 1840, el criollo irlandés participó en la batalla de Quebracho Herrado; contra las fuerzas de Oribe. Herido en una pierna, el Comandante Isla, no se amilanó y prosiguió la lucha, por más que la suerte ya estaba echada.
EL AHIJADO PEDRO CAMPBELL
En el revuelo de la batalla las carretas que conducían a las familias se salieron de su rumbo y algunos niños quedaron indefensos en el
campo. Insólitamente, frente a la diezmada tropa unitaria, un federal asomó entre la humareda flameando un trapo blanco. Cargaba a un pequeño de unos cinco años que depositó junto a las carretas de los emigrados, estacionadas a un lado del camino. Los dos bandos se paralizaron. El jinete federal se acercó al unitario Isla y dijo: “La bendición Padrino”. Isla lo reconoció, era el hijo de Peter Campbell, su compañero de convalecencia en la casa de los Gómez y Farías; se llamaba como su padre, Pedro Campbell, [3] e Isla había sido su padrino de bautismo.
El general Pacheco, que comandaba la vanguardia Federal, se acercó y Campbell, se cuadró y le dijo: "Yo, Pedro Campbell, comandante del ejército Federal, que he levantado bandera blanca para traerle a la madre este corderito que encontré en el campo, y que soy hijo del Comandante Federal Pedro Campbell, vencedor en Cepeda, pido al Señor General Pacheco por la vida de mi padrino, el Comandante Isla y la de los valientes que forman ese cuadro; y por la vida y la libertad de las mujeres y niños que están en esas carretas… y por haber levantado bandera blanca en lugar de bandera colorada, y por pedir cosas que no debo, pido también ser fusilado".
Pacheco, que había sido guerrero de la independencia, y podía distinguir una contienda libertadora de una avanzada civil, dio a entender que no había visto nada y se retiró.
Además del niño que rescató Peter Campbell, se perdió Juanita, la hija de Tola y Patricio; fue hallada la niña por un soldado federal, quién la llevó a la carpa del General Oribe; este la llevó a su casa a Córdoba, donde fue educada.
DESENLACE MORTAL
Isla, tal vez con la ayuda de su ahijado Campbell, logró huir rumbo al Norte hasta Catamarca y se refugió en el Convento de San Francisco. Allí lo encontró una partida Federal, y lo ejecutó en la esquina de la Iglesia, el 6 de abril de 1841.
Cuando Campell llegó a Catamarca, ordenó fusilar a los cuatro tiradores de su propio bando que habían terminado con la vida de su padrino, el veterano soldado irlandés y acriollado sobrino de Beresford. Era una época de sangre y horror donde la vida valía poco y poco se pensaba en las consecuencias que dejaba la muerte de un hombre por más anónimo que fuera.
Tola, la viuda de Isla, pasó terribles años buscando a su hija Juanita, recurriendo a las autoridades para que la ayudaran sin tener eco en sus reclamos, escribiendo cartas que pocos respondieron pues algunos pensaron que al niña había tenido un fin trágico. Finalmente la recuperó.
LOS HIJOS
Fueron hijos de Patricio Isla y Bartola Gómez y Gómez: María Gregoria (n. 18.5.1815) casada con pedro Antonio Ángel Costa Álvarez; Juan Anastasio (n. 14.1.1819); Ildefonso (n. 23.1.1819), Ramona Isabel (n. 28.10.1822); José Braulio (n. 27.3.24) llamado como el esclavo negro que ayudo a su padre en la escena de la invasión inglesa; María de la Cruz (n. 12.6.1826); Francisco (n. 11.10.1828); Servanda Isabel (n.30.10.1830); Juana Bautista (n. 5.7.1832) y Antonio
María Gregoria, la primogénita, se casó el 7 de junio de 1849 en la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced de Buenos Aires, con Pedro Antonio Ángel Costa Álvarez, uruguayo, nacido el 26 de marzo de 1804 en Montevideo. Fueron sus hijos: Pedro Antonio, político conservador, casado con Julia Maña y Zeballos; Valentina, casada
Delfor Cabezas D´Amico y Chalo Agnelli
con el jurisconsulto Sabiniano Kier residentes en Quilmes [4]; Carlos José, político de Bragado, jefe de policía de la provincia, murió asesinado por sus adversarios, casado con María Dolí y Julio A., nacido en Quilmes (ver biografía en este blog), escritor y periodista, gobernador de Buenos Aires entre 1890 y 1893, casado con Agustina Paz y Cascallares; 
Francisco se casó con Gabina Pita, tuvieron un hijo Patricio que se casó a su vez con Rosa Palleros padres de Petrona Isla y Palleros que se unió en matrimonio con Nicanor Cabezas, establecidos en Quilmes, padres de Delfor Florencio Cabezas que junto a su esposa Brígida D´Amico son padres de la docente Vilma Edith  del artesano miniaturista Delfor Arsenio Cabezas.
DESCENDENCIA
El escritor, polémico historiador y político José Ignacio García Hamilton, fallecido el 18 de julio de 2009, era descendiente por línea paterna, tanto de Patrick Island como también de su colega John Ramsay.
 Investigación y compilación Chalo Agnelli
BIBLIOGRAFÍA
COGHLAN, EDUARDO A., Los Irlandeses en la Argentina, su actuación y descendencia, Buenos Aires 1978, págs. 497-498.
LOZIER ALMAZAN, BERNARDO, Un Irlandés a las órdenes de Beresford, Gobernador de Buenos Aires, Editorial Galerna, Buenos Aires 1994. En el primer capítulo puede verse la historia genealógica de los Beresford.
Ventura Adalberto Murga.
Ver EL QUILMERO del martes, 28 de septiembre de 2010JULIO, PEDRO Y CARLOS COSTA EN LA HISTORIA LOCAL DE LA TERCERA FUNDACIÓN” http://elquilmero.blogspot.com.ar/2010/09/julio-pedro-y-carlos-costa-en-la.html
REFERENCIAS
[1] Talleres Gráficos Argentinos de L. J. Rosso y Cía. 1926.
[2] Antepasado del Dr. Ernesto Guevara Lynch, el “Che”.  Patrick Lynch, nacido en Galway en 1785, el que acabó instalándose en Argentina, dando lugar a una gran familia en la que se van a mezclar raíces vascas e irlandesas.
[3] Robertson, J.P. y G. P. “Cartas de Sudamérica”. Traducción de José Luís Busaniche, pp. 77 y 78.
[4] La primera esposa de Sabiniano Kier, Claudia Campana murió de cólera en la epidemia que cundió por Quilmes en 1868, se contagió atendiendo a los enfermos junto al los doctores Cueli y Wilde. La quintade los Kier estaba entre las calles Libertad hasta Cevallos entre Alem y Garibaldi
FOTOS
A.G.N. y Wilkipedia

2 comentarios:

  1. Pensar que pertenezco también a esa línea de descendencia y, sin embargo, mi noble apellido no figura. Cuántas memorias reunidas. Qué orgullo de poseer su sangre y su estirpe.

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