domingo, 4 de enero de 2015

LOS EUSEBI, HISTORIA DE DOS MIGRACIONES



"... en las últimas décadas, las nuevas tendencias han vuelto su mirada a las "pequeñas historias", esas que se tejen día a día y en cualquier espacio, sin la pretensión del mármol o las grandes letras de los titulares... sin muchas de esas pequeñas historias cotidianas no puede existir la historia del lugar donde se habita, y que la suma de las historias locales dan sentido a la historia nacional... Rescatar los nombres, recordar los hechos, es una tarea imprescindible, una deuda que todos tenemos  con nuestro pasado para dar sentido a un esperanzado futuro...”
Prof. Hilda Ramos
 

En una de las entregas pasadas en EL QUILMERO DE LA INMIGRACIÓN, presentamos la zaga de la familia Simonetto, [1] ahora continuamos con otra zaga de la inmigración italiana en Quilmes. Esta reseña se halla en el libro “Migraciones” [2] publicado en 2006, como parte de una tesina de un seminario que el autor de esta página realizó en el Instituto Rojas de la Capital Federal.
La inmigración italiana llegó a ser la más numerosa en nuestro país al punto que es más del tres cuartos de la población argentina tiene algunas gotas de sangre de ese origen. Hay numerosa bibliografía sobre el tema, como los libros de Fernando J. Devoto, Luis Mercadante, Ítalo Américo Garibaldi, etc. Así como páginas web referentes. [3] 
La elección de esta familia se determinó pues proviene de dos grupos migratorios distanciados entre sí por varias décadas.

LOS EUSEBI 
Entre 1945 y 1955 se produce el tercer y último período inmigratorio en la Argentina. Dice Carlos Eusebi al respecto: “... integrándose con el componente hispánico, los italianos contribuyeron a hacer de la Argentina el país más latino del mundo, manteniendo valores y formas de ser que ni la Italia actual logró preservar y que hoy son auténticamente argentinos e integran una identidad nacional.”

El primer individuo de este apellido del cual se tiene noticia es Ambrogio Degli Eusebi, secretario de “Pietro el Aretino”, que llega con la armada de Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Estuvo en Asunción y en las ruinas de la Buenos Aires fundada por Mendoza. En una carta dirigida a su superior describe lo ríos Uruguay, Paraguay y de la Plata del que califica sus dimensiones: “...tan ancho como el mar...”

Nazareno Eusebi escoltando a S.A. María Pía de Saboya, princesa del Piamonte (circa 1930)
La familia Eusebi que llegó al país en 1950 es originaria de Loreto, provincia. de Ancona, Marche. La ciudad es, en importancia, el tercer santuario de Italia. Fue fortificada por el papa Sixto V para defenderla de los sarracenos. Se halla a 195 m sobre el nivel del mar y a dos kilómetros del mar Adriático, frente a la ex Yugoslavia.

El apellido Eusebi aparece en 114 municipios italianos, pero están afincados mayoritariamente en Le Marque. Región que, otrora, se hallaba en el límite de los Estados Pontificios, antes de la unificación de Italia a fines del siglo XIX. Durante el dominio de la iglesia romana había muchos “Marchigianos”, marquesanos, que se desempeñaban como cobradores de impuestos, razón por la cual no gozaban de la simpatía de sus coterráneos, lo que dio origen al dicho. “Mejor un muerto en casa que un marchigiano en la puerta”. 
LA PRIMERA INMIGRACIÓN 
La familia que nos ocupa, no eran cobradores de impuestos, sinopropietarios de maquinarias empleadas en la cosecha del trigo. Trayendo esas maquinarias desembarcó varias veces en la Argentina Giovanni Eusebi durante en el siglo XIX. La primera vez trabajó como capataz en el Ferrocarril Rosario - Santa Fe, de una empresa inglesa. La segunda vez trajo trilladoras y se quedó tres o cuatro meses haciendo las cosechas del trigo en los campos del sur de Santa Fe y norte de la provincia de Buenos Aires. Luego volvió en una tercera ocasión con un hermano José para realizar la misma faena agropecuaria. Regresó a Italia, pero su hermano se quedó en Santa Fe transportando trigo en barcazas por el río Paraná hacia Buenos Aires. De él descienden los Eusebi que habitan o provienen de la provincia de Santa Fe. 
LOS ANCESTROS 
Giovanni era hijo de Giácomo y nieto de Vicente Eusebi, este último nacido a principios del siglo XVIII. Finalmente Giovanni volvió a Italia, se casó con María Giuggiolini y tuvieron siete hijos. Uno de ellos fue Nazareno Darío, nacido en Loreto el 10 de mayo de 1894. Trabajaba para la administración pontificia y como jefe de los empleados de la Basílica de Loreto, que cobija la Santa Casa de Nazareth; cuya Virgen Negra es la patrona de la Aviación Mundial. Estudió dibujo mecánico en la ciudad de Fermo, diseñaba aviones. Esto le valió que antes de la segunda guerra, ya casado con Argénide Josefa Juana Casali y con cuatro hijos: Giovanni Ángel Claudio (1925), Carlos Ángel Mario (24/9/28), Sandro (1933) y Romano Luis Francisco (1935), se vio absorbido por las inevitables convulsiones de la historia, fue contratado por el gobierno alemán y se trasladó a la ciudad de Rostock, en el norte de Alemania, donde se construyeron los misiles V1 y V2. Esta fábrica fue destruida por los aliados y don Nazareno se trasladó a Viena donde permaneció tres años trabajando como dibujante de los primeros aviones alemanes de propulsión a reacción. Argénide y sus hijos habían permanecido en Loreto.
Alumnos de Il Ginnasio, escuela de Loreto.  Marcado con  un círculo, el primero a la izquierda de pie, Carlos Eusebi (circa 1940)
 Al entrar las fuerzas aliadas en Italia, el país quedó dividido. Por un lado el Reino de Italia en poder de los aliados y, por otro, la República Social Italiana de Saló; de modo que don Nazareno no pudo retornar a su ciudad natal y debió refugiarse en casa de una hermana que vivía cerca de Milán.
Su mujer y sus hijos, para paliar la escasez de la guerra, sin contar con los ingresos que antes enviaba su marido, debieron alquilar habitaciones de su casa. Primero,  a los soldados alemanes de la guarnición local, a los oficiales polacos que ocuparon Loreto, luego, y por último, a oficiales italianos En 1945 Nazareno logró regresar a Loreto disfrazado de soldado polaco.
Panorama de la cittá di Loreto (circa 12.000 habitantes. Declarada ciudad por su importancia turística y Religiosa. De abril a Noviembre de cada año recibe a unos 35-40 trenes de enfermos con sus médicos y enfermeras que poden a la virgen su curación y que son asistidos gratuitamente durante tres noches en el palacio apostólico. 

ARGÉNIDE
Argénide, hija de Reginaldo Casali, nace en Argentina ( por eso el nombre), en la provincia de Santa Fe, el 8 de marzo de 1898. Su padre italiano venido también en el siglo XIX tenía un almacén de ramos generales en Rafaela. A los ocho años viaja con sus padres que resuelven regresar a Italia.
Con el correr de los años olvida la lengua castellana, pero ante los apremios de la posguerra, en 1949, recuerda su origen natal y solicita en el consulado argentino en Ancona ser expatriada con sus hijos. Así alcanzó su cometido para ella, su marido y sus dos hijos menores de 18 años: Sandro y Romano. 
PERÚ O ARGENTINA 
Primeramente habían pensado emigrar al Perú donde ya habitaba un hermano de Nazareno, pero como un tío de Argénide que vivía en Córdoba les escribió alentándolos a que viajaran hacia esa provincia argentina pues había un campo de aviación muy importante y considerando los antecedentes de Nazareno, conseguiría trabajo rápidamente como dibujante de aeronaves.

Los dos hijos mayores, Carlos A. M. y Giovanni, que había hecho el servicio militar durante la guerra, tenían más de 18 años de edad y debieron acreditar ocupaciones compatibles a las que se requerían en la Argentina para obtener el ingreso como inmigrantes. En ese momento, en pleno auge de las obras públicas implementadas por el gobierno peronista, se necesitaban torneros y obreros de la construcción. Giovanni se inscribió como albañil; y se instruyó en esa ocupación con un conocido que tenía el oficio, logrando que el consulado lo autorizara a viajar. Fue el primero en llegar a la Argentina, solo, en 1950. 
CAPILLA DEL SEÑOR 
Lo mandaron a Capilla del Señora a construir un barrio obrero. Se puso de novio con una joven del lugar de modo que cuando llegaron sus padres y hermanos se afincaron todos en ese pueblo.
Carlos aún permaneció un año y tres meses en Loreto, trabajando y residiendo en el colegio de los Salesianos, donde había estudiado tres años antes de la guerra cuando en ese establecimiento estaba los Jesuitas, hasta que su familia le envió el pasaje. También se estableció en Capilla del Señor durante seis meses, donde aprendió a tomar mate y jugar al truco. 
TALLER REGIONAL QUILMES 
Un día don Nazareno llegó a su casa con la noticia de que en el Taller Regional Quilmes de la Fuerza Aérea pedían dibujante mecánico, se presentó y obtuvo el trabajo.
Luego todos los hijos entraron en esa Base y alquilaron una casa en Berazategui en la calle 37. En 1954 compraron un lote en French y Lavalle. Obtuvieron un préstamo con extraordinarias facilidades que en esos años otorgaba el Banco Hipotecario Nacional y los sábados y domingo fueron construyendo la casa. Recuerda Carlos que su hermano Giovanni era considerado el capataz de la construcción, Romano el medio oficial y él, el peón y especialista en pastón. 
GIOVANNI EUSEBI
Juan (Giovanni) trabajo poco tiempo en el Área Material Quilmes, luego entró en la compañía naviera Costa en las oficinas de la calle Charcas en la Capital Federal. La empresa lo trasladó a Rosario. Falleció a los 53 años. Casado con Gladys Colombo, hermana del Contralmirante Colombo, tuvieron dos hijos varones: Daniel, técnico electrónico, vive en Bariloche donde hace proyectos instalaciones fabriles, a su vez tiene un hijo de nombre Marcos Gabriel; y César empleado bancario, vive en Ushuaia, es empleado bancario y tiene dos hijos Diego Ezequiel y Nadia Suyai. 
SANDRO EUSEBI 
Sandro cuando dejó la Fuerza Aérea donde trabajaba como oficial matricero, abrió un comercio de repuestos FIAT en el barrio capitalino de Flores donde reside. Casado con una española, tienen dos hijos, Sergio, arquitecto y Claudio ingeniero, que vive en Madrid hace 12 años, tiene dos hijas Constanza Nerina y Laura, esta última española. 
ROMANO EUSEBI
Romano cursó estudios secundarios en el Colegio Nacional de Quilmes y luego hizo unos años de ingeniería en la UBA. Se recibió de profesor de Física, Química y Matemática en el instituto del profesorado. Fue rector del colegio San Alfonso de Quilmes durante 35 años. Fue co-fundador y alma-pater del Instituto Cristóforo Colombo, del cual fue Representante Legal hasta su muerte acaecida el 4 de abril del 2003, También fue directivo del Pejerrey Club y Tesorero de la Fundación Filarmónica Quilmes, así como la de la Sdad. Italiana Cristóforo Colombo. Se casó con Haydée Trinca, eximia pianista y actual presidente de la Fundación Filarmónica Quilmes. Son sus hijos: Franco, empleado bancario y Luis Eusebi, baterista de la Filarmónica de la ciudad de Salta. María de los Ángeles, música instrumentista de flauta traversa, egresada del Conservatorio Nacional de Música “Carlos López Buchardo” como Profesora Nacional Superior de Música con especialidad en flauta traversa con medalla de oro.  Docente en varios colegios quilmeños y en la escuela de Bellas Artes “Carlos Morel” de Quilmes. Es primera flauta de la Orquesta Quilmes y pertenece al Grupo de la Recova. Su esposo integra la orquesta del Teatro Argentino de La Plata; 
CARLOS A. M. EUSEBI
Carlos A. M. entró en el Área Material Quilmes a los 22 años como operario por $ 2 la hora, pero por su preparación lo ubicaron
pronto en las oficinas. Allí permaneció 42 años, entró como ayudante chapista y salió jubilado como Asesor Jurídico: alcanzando la categoría máxima a la cual podía aspirar el personal civil de la Fuerza Área (Personal Civil Superior, Clase I, categoría 30)

Impulsado por ese afán de progreso económico y social que germinaba en el espíritu de todos los inmigrantes, a partir del momento que comenzaban a imaginar un proyecto de vida fuera de su tierra natal, Carlos, que tenía cursada parte de la escuela secundaria en Italia (el Gimnasio: 5 años de Latín, 2 de griego y 4 de francés entre otras materias) rindió veintiuna equivalencias entre diciembre y marzo del año 1954; y en dos años obtuvo el título de bachiller en el Colegio Martín Güemes de Bernal, que en ese entonces se llamaba “Los Derechos del Trabajador”. Ingresó en la Facultad de Derecho recibiéndose de Abogado en la Universidad de Buenos Aires y luego obtuvo el título de “Especialista” en el “Instituto de Derecho Aeronáutico y Espacial” de la Fuerza Áerea  Argentina.
Feria del Libro en la Soc. Italiana con la Prof. Bibiana Colubret e Iris Gardelliano

Es su esposa Selma M. A. Polich, hija única de Antonia Buschor y Vendel Polich, inmigrantes de lo que era la zona alemana de Hungría. Don Vendel fue profesor universitario de matemática en Hungría y en la Argentina trabajó en la empresa Tamet. Fue conocido mundialmente por ser el co-autor del Sistema Topocéntrico de Casas, libro sobre Astrología Científica de consulta obligada en todo el mundo.

Selma, en su juventud fue concertista de piano, actuando en la recordada Orquesta de Leonardo J. Gay. Hizo la licenciatura de filosofía en la facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires; habla varios idiomas; dirigió el coro de la Facultad de Derecho y fue profesora de latín, filosofía, lógica, etc, en el Colegio Nacional y en la Escuela Normal Alte. Guillermo Brown.
Selma y Carlos Eusebi tienen tres hijos: Alejandra (1962), secretaria del departamento de alemán del Colegio Enrique Holmberg; casada con Néstor Campos, tienen tres hijos: Candela Iara (1994), Wanda (1995) y Ian (2001).
El segundo es Marcos Esteban (1966), abogado, recibido en la Facultad de Derecho de la Universidad de Bs. As., músico y director de los coros del Instituto Cristóforo Colombo, del Colegio de Farmacéuticos y del Colegio Manuel Estrada de Berazategui, así como representante legal del Inst. C. Colombo; casado con Patricia Frías, cantante. Y el menor, Ricardo (1971), es licenciado en física en la UBA, ganó una beca de la Universidad de Rochester (USA), y se halla en estos momentos en la Universidad de Chicago, en el Laboratorio de Partículas Cósmicas Enrico Fermi, trabajando en su tesis para el doctorado en física. Está casado con Cristina Caballero, licenciada en Biología (UBA), que también ha ganado una beca en la Universidad de Illinois, donde prepara su doctorado.

Los Eusebi pertenecen a dos de los períodos inmigratorios que tuvo la Argentina, el de fines del siglo XIX hasta las postrimerías de la primera guerra mundial y al último, de 1945 a 1955; y dentro de este, a un grupo calificado de inmigrantes.
Don Carlos M. Eusebi, a poco de afincarse en Quilmes, inicia una incesante y persistente tarea social y cultural en instituciones italianas. Luego, definitivamente, por poco más de 45 años, en la “Cristóforo Colombo” (la entidad más antigua de la provincia, fundada en 1878) Desde allí se proyecta a cuanto acto o actividad oficial o privada, se realice en el partido de
Lic. Ricardo Eusebi
Quilmes y alrededores; siendo uno de los referentes eficaces y necesarios no sólo de la colectividad italiana; desde la que trascendió notablemente, sino de toda la comunidad quilmeña. Son sus principales virtudes, además de la calidad humana y don de gentes, la constancia, perseverancia y continuidad que imprimió a su accionar, para la difusión de la cultura italiana; inteligentemente amalgamada en lo nacional y lo internacional.

El Dr. Eusebi en un homenaje a la Prof. Ana I. Manzo de Torrico
Esa tarea comienza en 1951, cuando se fundó la Leonardo Da Vinci. “Entredichos y desavenencias entre un grupo de socios y la comisión directiva de la Asociación Cultural Italiana Quilmes (creada en 1940) produjeron una escisión y algunos miembros fundaron en 1950 el Círculo Italo – Argentino Quilmes, que pasó a integrar a fines de 1952 la Asociación Cultural Italiana Leonardo Da Vinci.”[4] 
Además de Eusebi, entre otros apellidos, formaban parte de esa entidad: Fleres, Zino, Ghinassi, Rinaldi, Molluso, Favaro, Vidoto, Ramondetti, Fiorini, Ferrante, Leocata, Perugia, Andreotti, Nardi, Lazzarini, Cenci, Coletta, etc... La institución realizaba originalmente los bailes dominicales en la Sdad Española cuyo presidente era don José Goldar (padre). La secretaría se hallaba en una casa ubicada en Carlos Pellegrini 361, entre Vte. López y Sáenz Peña, pero por lo reducido del espacio, en 1954 se establecieron en C.I.B.A.S.A. Andrés Baranda y República del Líbano (antes Santiago. del Estero) La institución hacía representaciones teatrales, ópera, esgrima con el Prof. Rosso; poseían un coro y un equipo de fútbol. De todas estas actividades participó el Dr. Eusebi.
En 1958, la Leonardo Da Vinci presidida por Achille Ghinassi se fusionó con la Sdad. Italiana Cristóforo Colombo, poniéndole a la Biblioteca de esta última el nombre de la entidad incorporada.
Carlos Eusebi fue parte de los cuadros directivos de ambas instituciones y luego, hasta hoy, en la Comisión de Cultura de la Cristóforo Colombo, donde fue Presidente durante 22 años (1976-1980 y 1986-2002) Ocupó ese cargo cuando la Sociedad cumplió 100 años en 1978. Actualmente es presidente honorario y vicepresidente primero. Fue durante su intervención ejecutiva que se fundaron dos escuelas, el Ausonia, el 20 de marzo de 1960 y en 1990 el Instituto Cristóforo Colombo, el tercer establecimiento educativo de la historia de la Sociedad, sobre un proyecto del Prof. Romano Eusebi, inaugurado oficialmente el 12 de octubre de ese año del que el Dr. Carlos Eusebi sería representante legal.
En la docencia se destacó como profesor de historia antigua y medieval en la E.N.E.T. N° 4. En 1965 el gobierno italiano lo distinguió con la “Estrella de la Solidaridad” en el grado de Caballero, por estrechar los vínculos ítalo-argentinos. También fue fundador y primer presidente de la Federación de Instituciones Italianas de Quilmes, Berazategui y F. Varela (FEDISUR) Actualmente es presidente honorario y vicepresidente de la Cristóforo Colombo. Es un entusiasta estudioso e investigador de la Historia. Participó en congresos de esa ciencia, jornadas de museología, integró en 1987 1988 el taller municipal de arqueología a cargo de la Prof. Irina Podgorny y fue miembro titular del IX Congreso Nacional de Arqueología Argentina y de la V Jornada de Historia Regional Bonaerense. 
HISTORIA Y LITERATURA 
Fue autor de recopilaciones históricas. “La aviación en Quilmes” y “Un nombre para la historia de Quilmes”. A sus cualidades le suma la de escritor; es autor de cuentos y novelas publicados: “El acento italiano” (1986), “Balada para una encomienda real” (2000), “Las fuentes peregrinas” (2001) Por su obra literaria obtuvo premios y reconocimientos. Con su esposa realizó viajes de estudio por todo el mundo investigando in situ las culturas: precolombina, helena, egipcia, itálica, etc, etc. Como resultado de esas experiencias dicta conferencias audiovisuales en instituciones locales, capitalinas, de la provincia y del país. Actualmente lo hace sobre Culturas Precolombinas en la UNQUI.
De entre la colectividad italiana el Dr. Carlos Eusebi es uno de los referentes, que más significativamente, tomó la huella iniciada por los Mazza, Cichero, Oliveri, Badaracco; Balestra, Lanatta, Taiana, Fossatti, etc. Que conformaron en Quilmes, a partir de 1870, una clase media dotada de espíritu latino e híbrida en su constitución humana. En el seguimiento de esta zaga se puede vislumbrar el accionar transformador que, en lo social, produjo en la comunidad quilmeña la aluvión inmigratorio italiano. La persistencia con que conservaron al paso de las generaciones las tradiciones sociales, culturales e institucionales. 
CONCLUSIÓN
 La familia Eusebi es una de entre muchas otras familias de origen italiano con los mismos atributos fundacionales y transformadores en el partido de Quilmes. Como por ejemplo, además de los nombrados:  Abbatantuono, Abiedati, Achinelli, Agnelli, Agneti, Angelleri, Angeleti, Bacigalupo, Bacciandonne, Badaracco, Barbieri, Batistessa, Bellati, Bianchi, Bigliardi, Borelli, Borzi, Bossi, Bosso, Bottaro, Braggio, Bruzzone, Camughi, Canatelli, Canteli, Capparelli, Carabelli, Carbone, Carboni, Castagnini, Castignola, Cella, Cigliano, Colombini, Colombo, Consoli, Corsiforti, Castignola, Cotta, Cerino, Cibeli, Craviotto, D´Abate, Dalla Vía, Dalla Veneta, Della Giovanna, Della Valle, Deprati, Devicenzi, Di Notto, Di Piero, Draghi, Faggiano, Fabrizio, Favaro, Ferrari, Ferraroti, Fidanza, Fopiano, Fornabaio, Fornaroli, Galli, Gandolfo, Gardeliano, Gennari, Giaimo, Giabbaneli, Giordano, Giussani, Ghisani, Ghizzardi, Grasso, Gullota, Imberti, Lanatta, Livoratti, Luchelli, Luddeni, Loggioco, Malatesta, Magliocca, Maranga, Marchese, Marcheta, Marenzi, Martino, Marzolli, Marchissotti, Massone, Mazza, Mergassi, Mezzadra, Mezzullo, Morelli, Musante, Navone, Nocetti, Oliveri, Olivieri, Otati, Pagliero, Parodi, Pauni, Pegazzano, Peruzzotti, Persichini, Pedemonte, Piccio, Piccinini, Piastrellini, Pizzardi, Polimeni, Pollizzotto, Policcichio, Poloniolli Pozzo, Pozoni, Pugliesi, Ramadori, Richezza, Rinaldi, Riposati, Ricci, Rizzi, Rizzo, Rocca, Ronconi, Rossi, Rosso, Sanguinetti, Scrochi, Secondi, Secco, Severi, Simonetti, Simonetto, Scevola, Spelzini, Tomaseti, Traversi, Trapani, Trinca, Tiscornia, Turissi, Urli, Valerga, Vatuone, Veroli, Vezzulla, Yori, Zanussi, etcétera, etcétera, etcétera ...
Investigación Chalo Agnelli

BIBLIOGRAFÍA

“Quién es quién ... en Quilmes” Ediciones Mensajes 1996.
Eusebi, Carlos A.M. “Un nombre para la Historia de Quilmes”(La Societá Italiana di Mutuo Soccorso Cristoforo Colombo) Tiempo Sur. 2003. Quilmes.
Archivo de la Provincia “Ricardo Levene”
Archivo General de la Nación.
Departamento de Historia de la Biblioteca Pública Municipal Domingo Faustino Sarmiento.
Biblioteca y archivo del Museo Fotográfico de Quilmes.
Biblioteca Popular Pedro Goyena.
Biblioteca Popular Manuel Estrada de Bernal. 
Ver en EL QUILMERO del sábado, 14 de julio de 2012 “UN QUILMEÑO EN EL HALLAZGO DE LA PARTÍCULA DE DIOS” (colaboración) http://elquilmero.blogspot.com.ar/2012/07/un-quilmeno-en-el-hallazgo-de-la.html

Ver en EL QUILMERO del
jueves, 8 de abril de 2010 LA AVIACIÓN EN QUILMES – 1º parte (COLABORACIÓN) Colaboración de su autor el Dr. CARLOS A. M. EUSEBI http://elquilmero.blogspot.com.ar/2010/04/la-aviacion-en-quilmes-1-parte.html
viernes, 9 de abril de 2010 AVIACIÓN EN QUILMES - 2º PARTE (COLABORACIÓN)  LA AVIACIÓN EN QUILMES – 2º parte http://elquilmero.blogspot.com.ar/2010/04/aviacion-en-quilmes-2-parte.html
sábado, 10 de abril de 2010 AVIACIÓN EN QUILMES - EL ÁREA MATERIAL QUILMES - PERÍODOS - ÚLTIMA PARTE (COLABORACIÓN)  CREACIÓN DEL ÁREA DE MATERIAL QUILMES http://elquilmero.blogspot.com.ar/2010/04/aviacion-en-quilmes-ultima-parte.html 

REFERENCIAS


[1] Ver EL QUILMERO del martes, 25 de noviembre de 2014

LOS SIMONETTO, ROSINA, “NOÉ”, ITALIA… OTRA PÁGINA DE INMIGRACIÓN http://elquilmerodelainmigracion.blogspot.com.ar/2014/11/los-simonetto-rosina-noe-italia-otra.html 

[2] Agnelli, Chalo. “Migraciones – ‘Cuatro colectividades quilmeñas’ – Cinco familias para una historia social” Ed. Jarmat, Quilmes, 2006. 

[3] http://www.ancestrositalianos.com/



miércoles, 31 de diciembre de 2014

SOLEDAD, TANGO Y MADAME IVONNE… POR IRIS I. GARDELLIANO

por Iris Ivonne Gardelliano
En el año 1989, en el atardecer de mi vida,  para culminar mi carrera de Psicología Social, elegí escribir sobre “La soledad” para la obligada tesina final.
El tema me abarcaba en ese preciso momento. Escribir sobre la soledad, tal vez resultara reparatorio, pero no tenía muy claro como lo encararía.
Un día, mientras daba vueltas dentro de mi hogar acompañada por la  música de tango que emitía una radio, me percato que
Goyeneche cantaba uno en el que se exaltaba la soledad. En ese instante, sin dudar, decidí enfocar el tema de la soledad desde el tango, y su  origen en el momento en que la inmigración define a la sociedad de entonces.
Después de leer lo mucho ya escrito sobre el tango, incursionar en hemerotecas para impregnarme de las noticias de diarios de la época en donde aparecían en una sucesión cotidiana conventillos , bulines, cabarets, prostitución, crímenes pasionales, en fin  el desfile de la sociedad de aquellos momentos, concluí y expuse en mi ensayo que  el sentimiento de soledad en el tango deviene, entre otras cosas, por la que aportaron aquellos inmigrantes de fines del siglo pasado y 
Los inmigrantes obra de Rodolfo Campodonico
principios del XX, que vinieron solos desde sus lejanas tierras, anticipándose a la llegada de sus familias. Aquí, en Buenos Aires, unirían sus soledades a la soledad que aportaba nuestra inmigración interna: la del gaucho que escapaba  de la pampa desierta para afincarse en las orillas de la ciudad  ya sea porque  se “había disgraciao” con una muerte inoportuna o  por desertar de algún piquete del ejército. Este hombre, quizás estaba más desgajado que el mismísimo inmigrante europeo.
De la conjunción de esas dos distintas soledades, vivenciadas alrededor de los fogones orilleros y amenizadas por la diversidad de canciones y canzonetas y el candomblé de los últimos negros que poblaban Buenos Aires, nacería el tango. Por un lado las guitarras o vigüelas, por el otro, las mandolinas y acordeones y, finalmente, el resonar de los tamboriles. Todo estaba perfectamente  dado y nada era casual.
De vivir mi padre, no me hubiera perdonado que mi tema de tesis
estuviera basado en la “soledad vista desde el tango”. El lo odiaba visceralmente. Nos peleábamos mucho por eso: la cosa era música italiana versus el tango aunque íntimamente yo amaba también la música italiana.
Me  di cuenta  mientras elaboraba el escrito que  mi padre era contradictorio,  sin embargo él nunca se dio cuenta de su ambigüedad.
Usaba mucho el lunfardo en su hablar cotidiano y lo disfrutaba.
Cuando volvía a casa de su trabajo, le decía a mi madre: “Vieja, tengo un ragú!” o “Está el morfi?”. También le decía: “Ché, Negra, haceme unos mates”…
También usaba las palabras cafishio, bailongo, burdel, franchuta,  gavión,  y, cuando nos pedía su sombrero decía: “Alcanzame el funyi”. Yo lo recuerdo usando el sombrero de fieltro en invierno y
el de paja en verano, a lo Maurice Chevalier.
Este vocabulario que yo escuchaba tan naturalmente  cuando era niña  no me sorprendía. Recién cuando comencé a investigar para mi tesis me di cuenta de que esas palabras eran resabios de sus tantas noches vividas  en su juventud con parroquianos en pensiones, fondas, boliches y bulines, teniendo en cuenta que él llegó a la Argentina cuando tenía  veintidós años  desde su Friuli tan amado y jamás olvidado.
Se casó con mi madre recién a los treinta y tres años. Es decir, once años  después de su llegada, durante los cuales debió integrarse,
imagino, con los hombres y mujeres de la noche que se expresaban de esa manera. Lo único que no perdió, como dice mi amigo Eusebi, fue el acento italiano.
Cuando nací no pude escapar de los designios del nombre que me impusieron ni de las fatalidades que mi padre me legara inconscientemente: Francia, amante, Ivonne, inmigrante, bulines, soledad, tango…
Antes de llegar aquí, mi padre había vivido en Francia. Allá se enamoró, al decir de mi madre “de una tal Ivonne”. Le habrá dado fuerte el amor por aquella mujer y más aun, el dolor de haberla dejado para venir “a hacer la América”. Lo cierto es que, previo permiso de mi madre, consintieron en ponerme como segundo nombre “Ivonne”. “Total – me diría mi madre muchos años después – era yo quien, al final, estaba con tu padre…”.
Admiré la anchura del corazón de mi madre, sus amplios sentimientos, su tierno pero firme razonamiento: “el aquí y ahora de tu padre, soy yo” quiso decirme, sin saber  ella que ya estaba aplicando una dosis de pura psicología gestáltica…
Siendo yo muy joven, viví en un lejano pueblo de la Patagonia donde conocí y me enamoré de un muchacho del lugar. Su camino y el mío se bifurcarían indefectiblemente. Nunca imaginé que él, muchos años después, le pondría mi nombre a su hija menor, pero esta vez entero: Iris Ivonne, también con el  beneplácito de su buena esposa y como recuerdo a aquella nuestra firme amistad.
¿Qué trae consigo este nombre que siempre acaba siendo el nombre de la “otra”? Por lo menos en mi historia, Ivonne es un nombre con reminiscencias de amores imposibles igual que en el tango.
Mi padre, aun habiendo sido anti tanguero, sin embargo me hizo entrar en las vicisitudes de esta música resentida y nostálgica, muy a su pesar… Y él mismo, sin saberlo y sin quererlo, fue uno de sus típicos personajes, porque en su juventud, sin ninguna duda, formó parte  de aquellos lugares en donde se bailaba el tango. Más aun, no pudo escapar a la curiosidad de ir a ver cantar a Carlos Gardel cuando lo hizo en el Teatro Colón de Quilmes, ya desaparecido. “Tenía la boca pintada como la de una mujer y se empolvaba la cara!”, solía contar, aludiendo al resalte que hacía Gardel de sus labios cuando estaba en un escenario o posaba para fotos de la época.
Mi padre salió de ese entorno de arrabales, bulines y fondas, sin embargo, lo dejarían marcado muy íntimamente y, tal vez, porque le traían recuerdos de aquella vida de hombre solo, mal vivida desde los afectos, que odiaba tanto al tango.
No lo sé ni lo sabré ya nunca. Pero, sin imaginarlo él  siquiera, me “escrachó” con este nombre y su apellido que me identifican tanto con el tango.
Iris I. Gardelliano (a la derecha) junto con la Prof. Bibi Colubret y el Dr Eusebi (fallecido en 2016), durante la Feria del Libro en homenaje a Julio Cortazar que se realizó en la Sociedad Italiana en 1994
GLOSARIO
Bailongo: reunión bailable improvisada.
Bulín: habitación. Por extensión, habitación de soltero.
Burdel: prostíbulo.
Cafishio: pretendidamente elegante, engreído.
Escrachar: poner un nombre. Designar. Evidenciar. Fotografía (p.e. está escrachado).
Franchuta: conjunción de francesa y prostituta.
Funyi o funye: sombrero.
Gavión: muchacho que se interesa por una dama (“le arrastra el ala”.
Mina: en general, mujer. Querida. Mujer que se une ilícitamente a un hombre.
Morfi o morfe: comida.
Ragú: hambre.

Iris Ivonne Gardelliano.
2013.
Compaginación Chalo Agnelli

viernes, 26 de diciembre de 2014

PATRICK ISLAND NUGENT, UN CRIOLLO IRLANDÉS

Patrick Island Nugent nació en 1788 en la verde Irlanda, de muy joven había ingresado en la Real Armada Británica. En esos años en que Inglaterra comenzaba a construir su imperio la carrera del mar llenaba de fantasías de grandeza la mente de los jóvenes.
Patrick era hijo de John Island y de Catherine Nugent y sobrino del
Beresford
General William Carr Beresford, que comandó la primera invasión inglesa al Río de la Plata en 1806.
El general Beresford era hijo extra matrimonial del marqués de Waterford, el más influyente aristócrata de Irlanda. Siendo joven, su padre le consiguió el título de barón de Beresford, luego vizconde Beresford. Era nieto de Mark Beresford, conde de Tyrone, y éste, hermano de Susannah Catherine Beresford, mujer de Hycinth Nugent, lord Riverstone, padres de Catherine Nugent, madre de Patrick Island.
Pádraig era el nombre celta de este joven que desde 1803, fue soldado raso del Regimiento 71 de Highlanders, Compañía 9, capitán John Paley, destinado a la isla de Santa Elena y luego a Ciudad del Cabo en África. En 1806 acompañó a su tío Beresford a
la primera invasión inglesa al Río de la Plata.
El Regimiento desembarcó en Quilmes y desde allí avanzó hacia la ciudad de Buenos Aires.
Quilmes fue el primer suelo americano que pisó y luego su simiente tendría en Quilmes su suelo.
EL ROMANCE
Dos días después, mientras recorría las calles de Buenos Aires, Patrick Island, junto a dos de sus compañeros de armas Peter Campell y John Kamelis, fue herido por Braulio, un negro esclavo que custodiaba la casona de la familia Gómez y Gómez Farías, El dueño de casa Justo Gómez, los recogió, les practicó las
primeras curas y llamó a su médico personal, el doctor Cosme Argerich que atendió a los heridos. Braulio acompañó la convalecencia de su contrincante y entablaron un vínculo de camaradas que duró toda la vida de ambos, a tal punto que a su primer hijo, Island, lo llamó como al noble moreno que en defensa de su tierra primero lo abatió y luego herido lo asistió, gesto que quizá colaboró para la atracción, que desde su arribo, el joven británico fue sintiendo por esta tierra que sería el destino de su simiente y el suyo final.
Patrick era un hombre joven, más plegado a la paz que a la guerra a la que lo empujó el destino de la época que lo tuvo como huésped.
Fresco, de cabello dorado, ojos de un verde irlandés, un rostro que aún no había perdido al niño y se contradecía con un cuerpo fibroso, fuerte, viril, de manos generosas y esta dimensión no pasó desapercibida entre las niñas de la casa. Una de ellas Tola, prestó especial atención a ese hombre-niño de voz profunda, pero suave y sus ojos negros lo dejaron entrever.
Un día, Patrick, inquieto en su imposibilidad, se levantó penosamente, se asomó a la puerta de la pieza que compartía con sus compañeros de infortunio y, en el segundo patio de la casa vio a las jóvenes Gómez, lavando sus cabellos en grandes fuentones de latón, junto al pozo. El pelo les caía hasta la cintura, la ropa de Tola estaba húmeda y se podía entrever sus formas. En el juego con las negras que ayudaban a sus amas, Tola giró la cabeza y se encontró con la mirada insistente de Patrick. Eso bastó para que entre ellos naciera un amor que duró toda la vida. Efectivamente, mientras las heridas cicatrizaban, Patrick y Bartola Gómez, hija del dueño de casa, iniciaron un romance que culminó en un amor incondicional.
Cuando se produce la segunda invasión inglesa, Patrick Island, y sus dos compañeros, solicitaron autorización al dueño de casa para presentarse a luchar a las órdenes del General John Whitelocke.
Luego de la segunda derrota inglesa, fueron tomados prisioneros y cuando los frustrados invasores los requieren para volver a Gran Bretaña, desertan y se esconden en diferentes puntos de la provincia con la intención de quedarse en el Virreynato.
LOS BRITÁNICOS ACRIOLLADOS
Cuenta su nieto Julio A Costa en su libro “Rosas y Lavalle” [1] que
Julio A. Costa
desertaron con él otros soldados de la misma compañía: los nombrados: Peter Campell y John Kamelis; los hermanos John y Patrick O´Brien,  Richard Green, Alexander Livingston, Abraham Forrester, James Dillon, Jacob Echart, William White, fundadores de antiguas familias argentinas, algunos de noble linaje irlandés como O´Brien y Patrick Lynch,
[2] otro de los desertores fue Thomas Ramsay cuyo hija Gregoria se casó luego con Antonio Isla Gómez, hijo menor de Patrick y Bartola.
Unos y otros, todos, escapaban de algo: el abismo entre las clases, la falta de espacio donde desarrollarse y crecer, tanto social como económicamente; allá la tierra estaba en manos de las mismas personas desde hacía 400 años, acá la geografía era feraz, ubérrima y vasta; allá eran segundones y menos, aquí su figura cobraba jerarquía y eran mirados con simpatía por los comerciantes a merced del monopolio y por las mujeres ávidas de estirpe nueva que diera sustento al híbrido criollo que luego sería - y hoy es - rasgo genético de los argentinos.
EL ARRAIGO DE AMOR
Efectivamente, Patrick Island continúa su noviazgo con Bartola
“Tola” Gómez y Gómez; la pareja se casa en Arrecifes, a fines de 1807 en la capilla de la estancia del padre de la joven, en San Antonio de Areco donde establecen su residencia. El mismo día una hermana de Tola, se unió a John Kamelis. En esta oportunidad Patrick castellanizó su nombre por Patricio Isla y como tal llegó a ser  alcalde (1824-1826) de esa localidad bonaerense.
“Tola” era hija del segundo matrimonio de don Justo Gómez con Candelaria Gómez y Farías, hija de José Santos Gómez y de Petrona Teresa Farías, vecinos estos y naturales de la ciudad de Córdoba; se habían casado en Baradero el 20 de marzo de 1779; en primeras nupcias don Justo se había casado con Feliciana Ortega, feligresa de la localidad bonaerense San Pedro, con quien tuvo 6 hijos.
"Federales" obra de Campodónico
El 5 de agosto de 1840, el General Lavalle, se hallaba en San Pedro, con el ejército unitario dispuesto a avanzar sobre Buenos Aires, pero le faltaban caballos; los federales los habían hecho desaparecer de su ruta. Esa tarde, un centinela desde el mangrullo dio aviso que una inmensa nube de polvo se acercaba al campamento; alertados se prepararon para el combate, pero cuando el polvo amainó los unitarios advirtieron que se trataba de una tropilla arriada por gauchos. Del grupo con una bandera blanca, se adelantó un hombre rubio, robusto, de barba tupida. Se plantó frente al General, hizo la venia militar y dijo en mal castellano: "Patricio Isla, soldado del 71 de Infantería de Highlanders, tiene el grande honor de saludar al Jefe de Granaderos de Río Bamba, le trae los caballos que necesita y viene a ponerse a sus órdenes con sus hijos (Braulio, Francisco y Antonio), sus amigos y sus peones". Agregó: "Este tordillo que traigo de la cabestro, es el de silla y que espero usted aceptar para la suya. Se llama ‘Ulster Chief’, es manso como oveja y fiera en la atropellada". Lavalle aceptó gustoso el tordillo que lo acompañó, hasta el nefasto día de 1841.
EL CELTA UNITARIO
A partir de este suceso fue un leal partidario de Juan Lavalle que lo sumó a su ejército con el grado de capitán y comandó la defensa de la ciudad de San Pedro.
Esta afiliación lo distanció de su familia política, de tradición federal. Luego participó en las luchas del interior del país.
Pero las cosas no iban bien para los unitarios en 1840, año en que una oleada de terror se había extendido por la ciudad de Buenos Aires, pueblos vecinos y por toda la provincia y provincias del interior.
Los federales presionaron desde el Sur y los empujaron hacia Córdoba. Con los soldados iba una caravana de carretas con mujeres y niños que huían de la guerra. En dicha caravana viajaban Tola y Juanita, de ocho años, la menor de sus hijas mujeres.
El 28 de noviembre de 1840, el criollo irlandés participó en la batalla de Quebracho Herrado; contra las fuerzas de Oribe. Herido en una pierna, el Comandante Isla, no se amilanó y prosiguió la lucha, por más que la suerte ya estaba echada.
EL AHIJADO PEDRO CAMPBELL
En el revuelo de la batalla las carretas que conducían a las familias se salieron de su rumbo y algunos niños quedaron indefensos en el
campo. Insólitamente, frente a la diezmada tropa unitaria, un federal asomó entre la humareda flameando un trapo blanco. Cargaba a un pequeño de unos cinco años que depositó junto a las carretas de los emigrados, estacionadas a un lado del camino. Los dos bandos se paralizaron. El jinete federal se acercó al unitario Isla y dijo: “La bendición Padrino”. Isla lo reconoció, era el hijo de Peter Campbell, su compañero de convalecencia en la casa de los Gómez y Farías; se llamaba como su padre, Pedro Campbell, [3] e Isla había sido su padrino de bautismo.
El general Pacheco, que comandaba la vanguardia Federal, se acercó y Campbell, se cuadró y le dijo: "Yo, Pedro Campbell, comandante del ejército Federal, que he levantado bandera blanca para traerle a la madre este corderito que encontré en el campo, y que soy hijo del Comandante Federal Pedro Campbell, vencedor en Cepeda, pido al Señor General Pacheco por la vida de mi padrino, el Comandante Isla y la de los valientes que forman ese cuadro; y por la vida y la libertad de las mujeres y niños que están en esas carretas… y por haber levantado bandera blanca en lugar de bandera colorada, y por pedir cosas que no debo, pido también ser fusilado".
Pacheco, que había sido guerrero de la independencia, y podía distinguir una contienda libertadora de una avanzada civil, dio a entender que no había visto nada y se retiró.
Además del niño que rescató Peter Campbell, se perdió Juanita, la hija de Tola y Patricio; fue hallada la niña por un soldado federal, quién la llevó a la carpa del General Oribe; este la llevó a su casa a Córdoba, donde fue educada.
DESENLACE MORTAL
Isla, tal vez con la ayuda de su ahijado Campbell, logró huir rumbo al Norte hasta Catamarca y se refugió en el Convento de San Francisco. Allí lo encontró una partida Federal, y lo ejecutó en la esquina de la Iglesia, el 6 de abril de 1841.
Cuando Campell llegó a Catamarca, ordenó fusilar a los cuatro tiradores de su propio bando que habían terminado con la vida de su padrino, el veterano soldado irlandés y acriollado sobrino de Beresford. Era una época de sangre y horror donde la vida valía poco y poco se pensaba en las consecuencias que dejaba la muerte de un hombre por más anónimo que fuera.
Tola, la viuda de Isla, pasó terribles años buscando a su hija Juanita, recurriendo a las autoridades para que la ayudaran sin tener eco en sus reclamos, escribiendo cartas que pocos respondieron pues algunos pensaron que al niña había tenido un fin trágico. Finalmente la recuperó.
LOS HIJOS
Fueron hijos de Patricio Isla y Bartola Gómez y Gómez: María Gregoria (n. 18.5.1815) casada con pedro Antonio Ángel Costa Álvarez; Juan Anastasio (n. 14.1.1819); Ildefonso (n. 23.1.1819), Ramona Isabel (n. 28.10.1822); José Braulio (n. 27.3.24) llamado como el esclavo negro que ayudo a su padre en la escena de la invasión inglesa; María de la Cruz (n. 12.6.1826); Francisco (n. 11.10.1828); Servanda Isabel (n.30.10.1830); Juana Bautista (n. 5.7.1832) y Antonio
María Gregoria, la primogénita, se casó el 7 de junio de 1849 en la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced de Buenos Aires, con Pedro Antonio Ángel Costa Álvarez, uruguayo, nacido el 26 de marzo de 1804 en Montevideo. Fueron sus hijos: Pedro Antonio, político conservador, casado con Julia Maña y Zeballos; Valentina, casada
Delfor Cabezas D´Amico y Chalo Agnelli
con el jurisconsulto Sabiniano Kier residentes en Quilmes [4]; Carlos José, político de Bragado, jefe de policía de la provincia, murió asesinado por sus adversarios, casado con María Dolí y Julio A., nacido en Quilmes (ver biografía en este blog), escritor y periodista, gobernador de Buenos Aires entre 1890 y 1893, casado con Agustina Paz y Cascallares; 
Francisco se casó con Gabina Pita, tuvieron un hijo Patricio que se casó a su vez con Rosa Palleros padres de Petrona Isla y Palleros que se unió en matrimonio con Nicanor Cabezas, establecidos en Quilmes, padres de Delfor Florencio Cabezas que junto a su esposa Brígida D´Amico son padres de la docente Vilma Edith y  del artesano miniaturista Delfor Arsenio Cabezas.
DESCENDENCIA
El escritor, polémico historiador y político José Ignacio García Hamilton, fallecido el 18 de julio de 2009, era descendiente por línea paterna, tanto de Patrick Island como también de su colega John Ramsay.
 Investigación y compilación Chalo Agnelli
BIBLIOGRAFÍA
COGHLAN, EDUARDO A., Los Irlandeses en la Argentina, su actuación y descendencia, Buenos Aires 1978, págs. 497-498.
LOZIER ALMAZAN, BERNARDO, Un Irlandés a las órdenes de Beresford, Gobernador de Buenos Aires, Editorial Galerna, Buenos Aires 1994. En el primer capítulo puede verse la historia genealógica de los Beresford.
Ventura Adalberto Murga.
Ver EL QUILMERO del martes, 28 de septiembre de 2010 “JULIO, PEDRO Y CARLOS COSTA EN LA HISTORIA LOCAL DE LA TERCERA FUNDACIÓN” http://elquilmero.blogspot.com.ar/2010/09/julio-pedro-y-carlos-costa-en-la.html
REFERENCIAS
[1] Talleres Gráficos Argentinos de L. J. Rosso y Cía. 1926.
[2] Antepasado del Dr. Ernesto Guevara Lynch, el “Che”.  Patrick Lynch, nacido en Galway en 1785, el que acabó instalándose en Argentina, dando lugar a una gran familia en la que se van a mezclar raíces vascas e irlandesas.
[3] Robertson, J.P. y G. P. “Cartas de Sudamérica”. Traducción de José Luís Busaniche, pp. 77 y 78.
[4] La primera esposa de Sabiniano Kier, Claudia Campana murió de cólera en la epidemia que cundió por Quilmes en 1868, se contagió atendiendo a los enfermos junto al los doctores Cueli y Wilde. La quintade los Kier estaba entre las calles Libertad hasta Cevallos entre Alem y Garibaldi
FOTOS
A.G.N. y Wilkipedia

martes, 25 de noviembre de 2014

LOS SIMONETTO: ROSINA, “NOÉ”, ITALIA… OTRA PÁGINA DE INMIGRACIÓN



En la literatura argentina la miscelánea o el relato costumbrista han dado piezas imprescindibles. Desde: “Buenos Aires desde setenta años atrás”, pasando por “Una excursión a los indios Ranqueles”, “Las beldades de mi tiempo”, “Las memorias del General Paz”, “Juvenilia”; y las memorias de viajes de fecunda obra del primer escritor nacido en Quilmes don Guillermo Enrique Hudson, etcétera, todos con datos de valor y ajustadas reflexiones sobre asuntos de la vida cotidiana, mezcladas con el entorno mayor que son la historia, la geografía, la sociología, la política, la economía. 
Los europeos que recorrieron estas tierras durante el siglo XIX; la 
Rosina Simonetto nació en Fonzaso, Italia, una localidad italiana de la provincia de Bellumo, región de Véneto, en 1944. Llegó a la Argentina en 1957. Se estableció en Quilmes,
donde se casó con Basilio Faltore y tienen cuatro hijos. Trabajó junto a sus hermanos en tareas administrativas y un buen día su pasión por la literatura desbordó y dio a luz, remedando a nuestro Hudson, “Italia, allá lejos y hace tiempo”. 
Una miscelánea de la vida de familiares, parientes, amigos y suya propia, allá, en su suelo natal. En estos relatos Rosina manifiesta las inclemencias de la época: la opresión de la religión oficial, la precariedad de la salud, la condición de “paridora” incansable de la mujer, la censura, pero también: la bonanza del paisaje, la sana vecindad, la solidez de la familia, el respeto, el sentido de pertenencia y de identidad. Vidas duras, pero fortalecidas en el amor; cargadas de preconceptos si se analizan desde este siglo XXI; plena de las alegrías que tienen las sencillas cosas y superadora de todas las contrariedades. Todo sin la rigurosidad que exige la historia, sin embargo, son aportes motivadores para la investigación y el estudio de momentos coyunturales del siglo pasado. 
ESCRITOS RANURAS 
Llegó a nuestras manos gracias a la generosa disposición de Nicla Simonetto, sobrina de Rosina, quien antes de meternos en la lectura nos propone: “En estos tiempos en que todo cambia velozmente y las ciencias abren nuevos horizontes sin descanso, donde sucede todo tan de prisa, tan apasionadamente y pareciera que las emociones deben ser violentas, fuertes e ilimitadas, les propongo este paseo. Un paseo sin metas, sin apuro.
Supongan que están caminando, costeando una empalizada y curio­sos miran por una rendija para ver qué hay del otro lado. Así son estos escritos, ranuras que permiten ver un espacio limitado desde el cual se abarca sólo una fracción. Si sienten curiosidad pueden escudriñar por otras rendijas y ver más pedacitos de esas vidas, si no... seguir de largo. Eso sí, no esperen ver grandes tragedias, ni héroes invictos, ni pasiones revolucionarias, son pequeños hechos, anécdotas con personajes que yo podría haber rebau­tizado con otros nombres, pero me son ajenos y, entre nosotros: ¿no es mejor así? Unos veinte años más y seremos solamente nombres sin ros­tro.” 
ALBACEA
 Hay personas que se transforman en albaceas de sus familias, custodios de la memoria. Eso es un tesoro. Y Rosina alcanzó ese ministerio con “Noé” su último libro que es complementario a “Italia, allá lejos y hace tiempo”. Se hacen indispensables el uno con el otro.
La autora con su hermano Noé
UN NOMBRE DE FAMILIA 
“Noé” es el resultado de una inquietud de Nicla Simonetto, tras numerosas entrevistas grabadas a su padre, que luego
plasmó su tía Rosina, mostrando cómo esta familia alcanzó en esta Argentina, proyectos de vida que durante años llenó de sueños a europeos, a mujeres y a hombres de todas las latitudes, anhelantes de nuevos horizontes: “Es una historia en donde los éxitos y fracasos; la prueba y el error fueron solo peldaños para llegar a los resul­tados deseados. Nada fue regalado, en disímiles posibilidades ellos anduvieron caminos con determinación y tesón abrién­dose a nuevos horizontes.” 
MISCELÁNEA. MEMORIA. INMIGRACIÓN. 
“Italia, allá lejos y hace tiempo” es una narración literaria amena sin ditirambos y “Noé” es un documento histórico indispensable que completa la abundante bibliografía argentina sobre la inmigración.
Noé, siguió a sus padres y hermanos y llegó a “hacerse la América” en 1962. Como sus hermanos, dio a este país: sudor, amor y una sementera de hijos y nietos que multiplicaron la riqueza de este suelo. Y fue Quilmes y
Berazategui, esta región sudbonaerense donde se expandió la familia; y fue Misiones y Corrientes y Monte Rey. Y pasó del pan italiano a las frutas litoraleñas, al ganado vacuno, a los negocios, exitosos unos, malogrados otros, pero siempre a flote, como nadador olímpico de la vida; aunque más que agua hasta al aire se impulsó pues llegó a obtener el carnet de piloto aéreo. Pero toda esa “América” fue hecha en una mancomunión de hermanos y padres excepcional, pues por lo general emprender negocios, cualesquiera sean, entre familiares no suelen concluir de la mejor manera. Hoy, cuando Noé transita los 80 años, sus hijos siguen el rastro y se preparan nietos y...
Luna de Miel de Noé y Antonietta
El libro se diseñó a través de entrevistas que su hija Nicla le hiciera durante largo tiempo, tarde tras tarde, y que luego Rosina Simonetto supo compilar con diestro manejo del lenguaje; sin perder la esencia natural del discurso. 
ABORDAR LA MICROHISTORIA 
Excelente ejemplo es “Noé”, para que otros construyan con padres, tíos, abuelos y hasta vecinos, la microhistoria de un país al que dieron tanto de sí: unos en lo que parecieran pequeños hechos, otros otros más expandidos, pero todos diseñan el perfil y la identidad de los argentinos, que es esto que tenemos, nos guste o nos desagrade, lo importante es la dignidad con que se viven los contratiempos.

La travesía a América
EL LIBRO 
Otro documento de inmigración cuya edición bien vale un párrafo: “Noé” fue realizado por la editorial "JARMAT", que dirige Juan Alberto Ruffinelli, con el exhaustivo cuidado del texto gráfico, fotografías de nitidez impecable y la composición del texto, que se conjuga acabadamente con la imagen
haciéndolos interdependientes. Es un libro-objeto que además de lo que ofrece al lector es un agasajo para el estante preferente de la propia biblioteca. 

La primera casa en Ezpeleta
Misiones, en la ardua empresa de hacer la América. Aquellos conquistadores lejanos en el tiempo, entraron en el continente con la cruz y con la espada, a sangre y fuego... Esta inmigración llegó con la fuerza del trabajo y su pasión por la vida.


 LA AVENTURA AUDAZ Y PROVECHOSA DE LOS FRUTOS MISIONEROS


Noé y Antonietta
 Una fructífera descendencia
Parea adquirir algunos de estos libros dirigirse al teléfono 4257-2123, Sra. Nicla o al correo: danielguffanti7@gmail.com/

MENSAJE DE LA AUTORA A CHALO AGNELLI
LUNES 3 DE DICEMBRE 2014
ESTIMADO CHALO AGNELLI
¡Qué decir! Me dejó usted gratamente sorprendida al encontrar en su blog "El Quilmero de la Inmigración" su comentario sobre los libros de mi autoría, y más aún cuando lo vi publicado en el diario Perspectiva Sur. Agradezco sus palabras, no pudieran ser más acertadas para definir lo que allí se cuenta. Es más, creería que descifró un sentir impreciso para mi misma. Gracias por su deferencia y apreciación que me es muy valiosa porque, para los que nos quieren, siempre son aplaudibles y bienvenidos nuestros escritos, pero la real dimensión la da, la vivió de "afuera" más aún si es de alguien con una trayectoria como lo es la suya.
Muchas gracias
Soy consiente de que me falta aprender mucho para recorrer el camino del "buen escribir" y sus palabas me animan a hacerlo. Gracias
Rosina Simonetto
Compaginación y crónica Chalo Agnelli

viernes, 20 de junio de 2014

UN MERECIDO HOMENAJE A JUANA AZURDUY - PÁGINA 12

¡No lo toquen a Colón!

Por Mempo Giardinelli
    En Página 12, Jueves, 4 de abril de 2013
En estos días de furias y mal tiempo, mientras los sojeros argentinos retienen el grano esperando que el peso se devalúe, el Gobierno no se decide a refundar la Junta Nacional de Granos y en Nueva York es inminente el rechazo de la oferta a los fondos buitre –todo ello para alegría de Clarín y La Nación–, son muy pocos los compatriotas que se preocupan por el traslado de la estatua de Cristóbal Colón a Mar del Plata.

Lo que resulta un disparate doble: por un lado que se quiera quitar al navegante genovés que en 1492 inauguró nuestra historia moderna y nos trajo la lengua que hablamos –además de horrores y atropellos, desde ya, que la Historia viene juzgando– del hermoso emplazamiento donde está desde hace un siglo.

Y, por el otro, que el asunto no le importa a casi nadie, a pesar de que el magnífico monumento está donde está por donación de la colectividad italiana, la que más inmigrantes aportó a nuestra ciudadanía y de la cual desciende la mayoría de los argentinos de origen europeo.

Conviene recordar que fue esa colectividad la que encargó la realización de la obra al escultor Arnaldo Zocchi (1862-1940), no por cualquier motivo, sino en ocasión de la conmemoración del Centenario de la Revolución de Mayo.

Y para despejar aún más la ignorancia que parece haber ganado a quienes tomaron la desdichada decisión del traslado, hay que decir que la donación fue aceptada por el Congreso de la Nación mediante la Ley Nº 5105 del 26 de agosto de 1907. Si bien el monumento fue inaugurado recién en junio de 1921 –el retraso se debió a la Primera Guerra Mundial, pero también a ciertas ya entonces desarrolladas taras nacionales–, el espacio verde que lo rodea a espaldas de la Casa Rosada fue proyectado y construido como parte del Paseo de Julio por el célebre arquitecto y paisajista francés Carlos Thays (1849-1934). Con el nombre de Plaza Colón, fue inaugurada en 1904, en 1911 se construyeron las terrazas y escalinatas que derivaban hacia el río y en 1921 se terminó el arreglo de jardinería, justo para la apertura al público.

Según informaciones que recibo de una organización civil ejemplar llamada ¡Salvemos las estatuas!, el monumento consta de 623 toneladas de bloques de mármol de Carrara y la estatua de Colón fue colocada sobre una base de más de 20 metros de altura. “La complejidad del monumento –aseguran– hace que los expertos preservacionistas consideren riesgosísimo el traslado del monumento, mucho menos a una ciudad balnearia como Mar del Plata, exponiéndolo al ambiente marino altamente agresivo para los materiales de construcción, incluido el mármol.”

Como sea, y más allá de si el desatino de trasladarlo fue decisión del gobierno nacional o del municipal, la remoción no es sino una muestra más del errado, estúpido concepto argentino del verbo “gobernar”, entendido como “el que gana hace lo que quiere con la cosa pública”, en lugar de “el que gana la cuida y administra temporariamente”.

Hace un siglo la comunidad italiana en nuestro país donó, además, y como parte del conjunto monumental, una cripta ubicada bajo la estatua, en cuyo interior se guardan objetos donados a la Argentina, como un cofre con un ladrillo de la casa natal genovesa de Colón y un bloque de mármol romano labrado, extraído del monte Palatino.

Según consta en el Archivo de Monumentos y Obras de Arte del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el monumento es propiedad de la Capital de la República, pero no por eso nos es ajeno a los 40 millones de habitantes de este país. La mayoría de los cuales, no lo dudo, suele estar en desacuerdo con este tipo de mudanzas de la Historia que nos es común. Y en esta opinión no tiene nada que ver el justificado homenaje a Juana Azurduy, que también merece que se emplace el monumento donado por el gobierno de la hermana República de Bolivia, pero en otro lugar. Me disculparán los lectores porteños, pero no puedo ver en este desatino otra cosa que lo que en 23 provincias argentinas se suele llamar “otra porteñada”. Porque hay casi tres millones de kilómetros cuadrados de territorio nacional donde colocar a la heroica generala. Y si debe ser en Buenos Aires, sobran espacios públicos.

Y lo que también fastidia de esto, finalmente, es esa otra, igualmente necia manía argentina de cambiar no sólo emplazamientos sino incluso los nombres de calles y avenidas. Como si la Historia se pudiera mutar, o imponer, a gusto de coyunturales gobernantes, legisladores, concejales o jefes de Gobierno. Que nunca alcanzan a ver que por este camino sus imposiciones serán también cambiadas, en décadas venideras, por otros, igualmente autoritarios administradores civiles. No es así como se afianza una identidad nacional.
Por Mempo Giardinelli
    Jueves, 4 de abril de 2013

ACALIANOS EN QUILMES DESDE 1667 - 3ª PARTE